Sunday, April 04, 2010

Zona. Suplemento de El Clarín, 4 de abril 2010
TEMA DEL DOMINGO: DERECHOS HUMANOS


El alma de los verdugos
Primero Von Wernich, luego Astiz, "El Tigre" Acosta y Pernías. En Tribunales, hoy se los escucha como nunca. ¿Qué piensan? ¿Sienten remordimiento? Sus coartadas y quejas. Los días en prisión.
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Gerardo Young.
gyoung@clarin.com

El único que viste jean, camisa escocesa y mocasines, es Alfredo Astiz. Los otros acusados llevan impecables trajes de tintorería, corbatas rosas o rayadas. A las cinco de la tarde se levantan sonrientes de sus asientos de cuero, se saludan entre sí, se festejan, giran para mandar besos a la treintena de familiares y amigos que observaron las 9 horas de la jornada del juicio desde el palco. Junto a los familiares, sólo hay un estudiante de Estados Unidos y el periodista de Clarín. Muy poco público, a pesar de ser el acontecimiento judicial sobre la represión más importante desde el Juicio a las Juntas de 1985. Los acusados son nada menos que los responsables de la ESMA, el mayor centro clandestino de detención de la última dictadura militar.

¿Qué piensan esos señores de traje o camisa escocesa? ¿Qué pasa por sus cabeza ahora que han pasado más de treinta años desde que eran los dueños de la vida de miles de personas? ¿Sienten remordimiento? ¿Miran hacia atrás con la libertad que regala los años? ¿Son psicópatas o sólo engranajes de un sistema psicótico?

En su libro El Alma de los verdugos, editado hace unos meses (en coautoría conVicente Romero), el juez español Baltasar Garzón, quien juzgó a muchos de los responsables de la represión argentina, cuenta una charla que tuvo con el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Y le dice Galeano:

- En el fondo los verdugos son burócratas del dolor. No les vamos a regalar la grandeza de creer que son monstruos extraordinarios.

Las pericias psicológicas que se hacen a todas las personas que enfrentan un juicio, en estos casos han dado un resultado casi calcado: se trata de hombres "normales", conscientes de cada uno de sus actos. Eso corre para Astiz, para Jorge "El Tigre" Acosta -ambos señores de la ESMA-, pero también para el cura Christian Von Wernich y otros. Ninguno ha podido argumentar algún grado de inimputabilidad psicológica.

Como dice Baltasar Garzón en su libro, son personas normales que en determinado mataron y luego dejaron de hacerlo. "Lo que hicieron resulta incomprensible para una mentalidad normal. Pero eso no quiere decir que los autores ni los ejecutores de aquel plan criminal estuviesen locos. Estaban perfectamente cuerdos y sabían lo que hacían y las consecuencias que tendrían sus actos".

Cuando se habla de los verdugos de la dictadura, se está hablando de muchos. Los registros oficiales estiman que existieron 340 centros clandestinos de detención en 11 provincias, en los que trabajaron no menos de 20 mil personas, de las cuales, entre la CONADEP, el Ministerio de Justicia y los organismos de Derechos Humanos, han logrado identificarse a unos 2.500 verdugos.

¿Qué dicen ellos? Los testimonios empezaron a desplegarse lentamente a partir de la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, en junio de 2005, que permitió retomar los juicios contra los represores. Los primeros en ser condenados habían actuado dentro de la Policía Bonaerense. Fueron los ex policías Simón "El Turco" Julián, Miguel Etchecolatz, y el sacerdore Von Wernich, quien, antes de ser condenado el 9 de octubre de 2007, dijo que los testigos que lo habían acusado eran "el demonio". De Von Wernich se sabe: asistía a las salas de tortura para "garantizar" la "conversión" de los torturados antes de morir.

En diciembre pasado empezó, en los Tribunales de Retiro, el juicio a los jefes de la ESMA. Son 19 los acusados, y algunos de ellos están declarando. Astiz, aquel rubio marino que pasó a la historia por infiltrarse entre las Madres de Plaza de Mayo y por ser de los más eficaces "cazadores" de enemigos de la dictadura, decidió provocar, mofarse. Apenas se inició el juicio, se levantó de su asiento y mostró a la audiencia un libro llamado "Volver a matar", de Juan Bautista Yofre, donde se narran los crímenes cometidos en los '70 por los grupos guerrilleros. El 17 de marzo pasado, cuando tuvo la oportunidad de declarar, Astiz permitió leer un texto que había escrito en la cárcel y que refleja una posición mayoritaria entre sus viejos camaradas: "Sólo cumplimos órdenes, sólo somos soldados que participamos de una lucha y la ganamos".

La obediencia debida es clave para entender este proceso. No sólo porque signifique una parte esencial del sistema de coartadas, sino porque, de algún modo, encuentra allí una liberación. Según el psicoanalista Hernán C. Guggiari, la obediencia debida es una tesis exculpatoria comparable a la psicósis alucinatoria: como la del hombre que escucha una voz que le dice "Mata", y entonces va y lo hace. (Ver Sobre la psicosis...)

La dictadura militar gobernó al país entre la madrugada del 24 de marzo de 1976 y la mañana del 10 de diciembre de 1983. Está claro, ya, que la represión se inició antes, al menos desde el 21 de noviembre de 1973, con el primer atentado de la Triple A, contra el político radical Hipólito Solari Yrigoyen. El discurso de los actores más notables de la represión -Astiz, Von Wernich, Acosta o Pernías- coincide en intentar recontar aquellos años, en instalar la idea de que la represión fue reacción a un tiempo de extrema violencia, protagonizado por las guerrillas que, es innegable, atentaban con bombas y secuestros.

¿Pero piensan, realmente, que darle al contexto una mayor dimensión, incluso más precisa, los libera de las responsabilidades de la picana y los desaparecidos? "Este es un tribunal de facto y ya tiene la sentencia firmada", dijo Astiz en el juicio. Se saben condenados; lo que buscan es justificarse.

"Ellos no entienden qué hacen acá, juzgados, por algo que hicieron como soldados en un contexto totalmente diferente. No entienden por qué ni cómo cambiaron tanto los tiempos, por qué ahora nadie se acuerda de los guerrilleros y sólo se habla de ellos", dice Guillermo Coronel, hijo y abogado de Julio Coronel, uno de los acusados en el Juicio a la ESMA al que le atribuyen, en particular, la muerte del periodista y escritor Rodolfo Walsh.

Coronel hijo habla con el periodista de Clarín apenas termina una nueva jornada del juicio a la ESMA, el miércoles pasado. Está tranquilo, intenta explicar la posición de los suyos, espera que lo llamen desde la Alcaidía. Su padre es uno de los pocos que, por tener más de 70 años, volverá a su casa a cumplir el encierro domiciliario. La mayoría de los otros está viviendo en la cárcel de Marcos Paz, donde un pabellón de seguridad especial los reúne días y noches desde que empezaron a caer presos (Ver página 34).

En la cárcel de Marcos Paz, entre mates y juegos de cartas, es donde los ex miembros de los Grupos de Tareas comparten estrategias, penas y añoranzas. Cuenta otro defensor, que prefirió el anonimato: "Se comparte información de las causas, se cruzan datos y algunas estrategias, como cuestionar la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Pero ellos no se arrepienten de nada, están convencidos de que lo que hicieron fue parte de una guerra".

La mención a una guerra está en boca de todos los represores desde siempre. En sus declaraciones, citan una y otra vez los atentados de Montoneros, ERP y otras organizaciones guerrilleras, aun cuando esos atentados no pueden justificar lo que vino después. Pero lo notable y novedoso es que muchos de ellos no hablan de una guerra pasada y muerta. Hace veinte días, fue invitado a declarar en el juicio a la ESMA quien fue el jefe máximo del Grupo de Tareas, "El Tigre" Acosta. De pelo increíblemente blanco y lacio, la cara en forma de pera, Acosta todavía siente su vieja superioridad y se creyó obligado a contestar preguntas, a dialogar fuera del esquemático escrito que había preparado. Y entonces habló de una guerra en presente continuo, de una guerra que creía ganada y ahora ve perdida: "En el actual gobierno hay guerrilleros, como Duhalde o Righi". Se refirió así al Secretario de Derechos Humanos, que en los '70 era abogado de militantes sociales, y a Esteban Righi, ministro del Interior de Cámpora y ahora Procurador General. ¿Pero es que Acosta no advierte que tanto Righi como Duhalde ya peinan canas, que incluso él ha visto pasar más de 34 años desde el golpe Isabel Perón? Acosta no está para la nostalgia, sino que se expone pragmático, provocador. "Uno de los grandes problemas fue haber dejado gente viva", dijo aquella tarde. El reproche tenía un destinatario claro. Y es una queja que comparte con muchos de sus compañeros en el juicio, una queja contra el ex almirante Emilio Massera, mandamás de la Armada en la primera Junta de la Dictadura e inventor de un proyecto inédito en la historia, el de intentar convertir a sus torturados, o al menos a algunos de ellos, en bastiones de un nuevo proyecto político acorde a sus deseos. Sólo por eso hubo sobrevivientes de la ESMA. Sólo por eso se pudo conocer tanto de lo que ocurrió en el Casino de Oficiales, lugar donde fueron torturadas y empezaron a desaparecer 4.500 personas.

El miércoles pasado le tocó a Pernías, otro de los marinos de aquel grupo. Clamó: "¿Qué pretenden? ¿Que nos humillemos de rodillas? Y cargó, como Acosta, contra "este gobierno que distorsiona la historia", en referencia a los Kirchner.

Uno de los documentos más aterradores de los métodos represivos de la dictadura, es un cuaderno que dejó Carlos José Samojedny, militante de izquierda detenido por la Triple A en 1974. Samojedny estuvo preso primero en Rawson y finalmente en la cárcel de Caseros, hasta la recuperación de la democracia. Sólo entre febrero de 1975 y noviembre de 1980 alcanzó a contar 235 sesiones de tortura. A pesar de eso, nunca olvidó su profesión, la de psiquiatra. Y aprovechó el encierro para analizar la conducta de torturados y torturadores. Sus conclusiones ocupan 38 carillas de terror, 38 carillas históricas ahora a la vista del periodista de Clarín, que describen los límites insospechados del ser humano. Samojedny escuchó, habló, observó y preguntó, para luego analizar y clasificar a los torturadores y torturados. De los verdugos hizo varias clasificaciones. Los definió según el grado de contacto que tenían con las víctimas, con el dolor de las víctimas, con las técnicas de tortura. Los encontró morbosos, sadomasoquistas, obsesivos, pero sobre todo encontró a muchos "paranoicos". De ellos escribe:

"El paranoico es el torturador ideológico, fascista, de ultraderecha, racista. Cree en un mundo occidental y cristiano y que está combatiendo el mal. Además de torturar, es partidario de eliminar a la víctima para acrecentar su sentimiento de triunfo. Utiliza las técnicas de tortura más aberrantes, no es proclive a las aberraciones sexuales, desprecia al resto de los torturadores, no considera a lo suyo como un trabajo sucio si no como un arma ilegal pero efectiva."

¿No se refería a la misma psicosis alucinatoria que menciona Guggiari? Quizá no haya más misterio -ni menos- que una voz oculta, que el designio de una convicción ilusoria. De otro modo: "¿Cómo explicar que alguien se haya convertido en asesino durante tanto tiempo y de pronto deje de serlo?", se pregunta Baltasar Garzón.

Myriam Bregman, abogada de la familia Walsh en el juicio a la ESMA, intenta probar la participación de los acusados en la muerte del escritor. Ella sigue el juicio día a día, observa a los marinos, los ve "sonreír en los pasillos, como si todo fuera un juego". Pero también está sorprendida: "Hay un cambio en relación a lo que pasaba antes. Ahora están culpando a la institución de la Armada, a los que eran sus jefes por no haberse hecho cargo. Están pidiendo una defensa que ya no encuentran".

Como tantas veces cada vez que se hable de tragedias así, hay que recurrir a la filósofa Hannah Arendt. Después de presenciar el juicio a Adolf Eichmann, el gran arquitecto de la solución final nazi, Arendt cayó en un estado de perplejidad. Es que Eichman sabía lo que había hecho, pero lo veía como un medio para ascender en su carrera, para obtener más poder, no como un fin en sí mismo. Fue entonces cuando Arendt empezó a hablar de "la banalidad del mal".

Se sabe que Eichmann estuvo en la Argentina en la década del cincuenta. Pero habrá sido apenas una pirueta de la historia, porque el drama es humano y no sólo nuestro. Como dijo Eduardo Galeano en la charla que inicia esta nota, "el peor de los verdugos es el sistema que necesita de verdugos". O sea: el sistema que dice "Mata". Y que logra que algunos lo obedezcan.

Sunday, March 21, 2010

La República
Suplemento Domingo, 21 de marzo 2010
La guerra que unió a Chile

Historiadora graduada en la PUCP y docente en el Departamento de Historia de Sewane, Universidad del Sur (Tennessee, EEUU), Carmen McEvoy se ha especializado en investigar el Perú del siglo XIX. Sus libros sobre Manuel Pardo y sus numerosos ensayos son aportes decisivos al conocimiento de nuestro pasado. Ahora publica Armas de persuasión masiva, una lectura del discurso de la Guerra del Pacífico desde el lado chileno, que será presentado en Lima el martes 23 en el CCPUC.

Por Federico de cárdenas

¿Por qué el título, “Armas de persuasión masiva”?

–Trato de jugar con la frase con la que de alguna manera se inicia la guerra en Irak. Una guerra tiene que ser justificada. A veces lo hacen con una invención como en el caso de estas armas –que nunca aparecieron– y otras lo hacen a través de las palabras.

Pero el elemento persuasivo es fundamental: tienes que convencer al frente interno. Haber estado en EEUU cuando lo de Irak me permitió ver toda esa parafernalia de símbolos que requieren los estados para justificar ante los ciudadanos que tienen que ir a pelear.

–Sostienes que el discurso de la Guerra del Pacífico no ha recibido suficiente atención de parte de los historiadores. ¿Es así?

–La ha recibido, pero no en el sentido historiográfico. La guerra ha sido vista como celebración patriótica, como cosa juzgada. Se sabe que Chile ganó la guerra porque fue más nacionalista que el Perú y tuvo la capacidad de unificar a su población, pero no se ha deconstruido el lenguaje de la guerra. No se ha tratado de entender las lógicas internas que van conformando este lenguaje. En suma, no hemos sometido el nacionalismo chileno a una prueba de análisis discursivo.

–Tu libro demuestra que la guerra no tuvo únicamente un componente militar, que hubo una retórica que fue fundamental y organizó prácticamente ese discurso.

–Una guerra necesita fundamentación ideológica. A los seres humanos nos cuesta ejercer la violencia sin justificarla. Tenemos que validar nuestras acciones violentas. Se ha hablado de las batallas, tenemos muchísimo respeto a Grau y otros héroes, pero no se ha trabajado los efectos de la guerra en el frente interno, en el cual la palabra va a cumplir un rol fundamental, y más aún en el caso de Chile, que pelea una guerra que no ocurre en su territorio. No estar amenazado de invasión le permite jugar mucho más en el tema de los discursos y construir uno muy fuerte.

La tradición retórica

–Hablas de una tradición retórica muy viva en Chile, anterior a la guerra y que ayudó mucho en esta elaboración. ¿Se da algo paralelo en el Perú o aún está por estudiarse?

–Creo que Chile, Perú y varios países de Sudamérica partimos de esta vertiente republicana, donde la oratoria juega un gran rol.

Pero la misma historia del Perú es diversa. Desde que se va Bolívar los caudillos militares están peleando, y si bien tienen una retórica y hablan de una suerte de republicanismo militar, no tienen tiempo para ella, pues todo se va resolviendo a través de las armas. En Chile no, es verdad que en los 50 tiene dos guerras civiles, pero en los 60, que es la época de la eclosión de la retórica, hay una paz social que el Perú no tiene. Eso les permite utilizar un lenguaje simbólico hecho de palabras y de rituales y hacerlo con mayor eficiencia. Lo digo con prudencia, pues es verdad que no existen trabajos similares a mi libro para el Perú. Habría que averiguarlo.

–Esta retórica de la que hablas tenía dos vertientes, la religiosa y la cívica, idelógicamente enfrentadas, pues la iglesia era muy conservadora y los liberales estaban en el poder, sin embargo ambos discursos se las arreglan para confluir.

–Sí, y casi diría que es un caso único, pues determina que ni conservadores ni liberales tengan la hegemonía del discurso, que se va imbricando en la guerra, y así lo más arcaico del pensamiento conservador, que desarrolla el tema de la guerra justa, termina juntándose con la defensa del honor nacional, que es el aporte de los liberales. La guerra crea un espacio que es como un mercado libre de la opinión pública en el cual ambos tienen que salir a defender sus posiciones, y al hacerlo lo hacen frente a una audiencia que al final va a hacer una especie de mezcla de ideologías que, en teoría, no podían convivir una con otra. Entonces ocurre que el gobierno chileno, que tiene sus propagandistas, suma otros free lance, que son aquellos que desde antes de la guerra han luchado por la hegemonía cultural y que ahora, con el conflicto, ven una oportunidad de reposicionar sus planteamientos. Tanto la guerra cívica como la guerra santa, que son las posiciones que analizo, tienen fundamentos arcaicos, y contagian la ideología.

–En el caso de la iglesia está muy claro, las invocaciones al viejo testamento, al Dios de los ejércitos que protege al pueblo elegido.

–Claro. Es la guerra como una ordalía en la que de tu moralidad va a depender tu victoria. Si pierdes, queda entendido que es Dios quien te está condenando por inmoral. Es el discurso de los vencedores. En el otro caso, el de los liberales y la guerra cívica, es otra vez la guerra de la independencia: Chile quiere romper este nuevo imperio formado por Perú y Bolivia, entonces el agresor termina siendo el agredido, y el Perú visto como una suerte de imperio déspota. Es interesante también cómo en ningún momento aparece la palabra salitre, ni las razones económicas, que al final son las verdaderas razones de la guerra.

–Sin embargo, hay un discurso que se podría calificar de geopolítico, porque se dice al pueblo que tiene mayores derechos sobre Antofagasta y Tarapacá, que son tierras trabajadas por chilenos.

–Es la justificación por el trabajo, que es una justificación burguesa. Esos rentistas, que son Bolivia y el Perú, han vivido de su vieja herencia, mientras que Chile, país burgués y eficiente, tiene todo el derecho de usufructuar de ese territorio de quienes nunca lo trabajaron, algo que no es cierto. Pero ese discurso, que pone la indolencia del lado de Bolivia y el Perú, se ve complementado con el de la sangre de los héroes. Ese territorio, dicen, no es solo el del sudor sino el de la sangre de nuestros héroes. Y así es como al momento de la negociación incluyen Tarapacá, que no estaba en disputa.

Ritos de la guerra

–En el momento que ambos discursos coinciden, y es uno de los aspectos fascinantes del libro, comienzan a realizarse esos grandes rituales que son los sepelios de los caídos en la guerra, que actúan también como elemento de cohesión muy grande de la sociedad chilena, que seguramente tenía sus diferencias de clases, pero que desaparecen y solo se habla de unión.

–Sí, una parte del libro está dedicada al tema discursivo y la otra al del ritual, que es el que concreta la palabra. Todas estas ceremonias muy sofisticadas, con antorchas y un apelar a los sentidos, que hablan a las emociones de una sociedad que no está sino parcialmente alfabetizada. La guerra crea la sensación momentánea de que a pesar de las diferencias sociales es posible lograr una cohesión cultural.

–Hubo ideólogos de la guerra, pienso en Benjamín Vicuña Mackenna o Isidoro Errázuriz.

–Exactamente. Es gente que tenía un entrenamiento y que no se sorprende de la guerra, puesto que se preparaban para una guerra entre conservadores y liberales. Tienen un bagaje de palabras, símbolos y rituales que ya se había manifestado en la ceremonia de repatriación de los restos de Bernardo O’Higgins en la década del 60, que fue un primer entendimiento entre liberales y conservadores, y cuyo modelo se reiteró a lo largo de la Guerra del Pacífico. Es un poco el pueblo viviendo la historia: es la nación que se escenifica. Cuando retorna la Covadonga, la gente que la visitaba se llevaba astillas, como si fueran las reliquias de la cruz.

–También se da esta curiosa feminización de Lima, presentada como una especie de odalisca a la que hay que conquistar.

Sí. La erotización y feminización de Lima les permiten reforzar su masculinidad. El discurso nacionalista siempre se da en clave masculina. Recuerdo haber leído en uno de los textos de soldados chilenos que Lima era “una bacante que se retorcía en medio de sus placeres”. Cerré los ojos y vi una escena de Las bacantes de Eurípides. La imagen no era nueva, pues ya viajeros habían hablado de Lima como ciudad frívola y de placeres, pero es interesante cómo la retoman para reforzar su sentido de lo masculino.

–¿Estos ideólogos se trasladan a Lima, una vez tomada la ciudad, y promueven este discurso?

–Absolutamente. El primer momento fue la toma de la Catedral, lo que provocó un enfrentamiento con la jerarquía local. Pero el capellán chileno, Florencio Fontecilla, se sale con la suya y celebra misa por los caídos chilenos en San Juan y Miraflores. Allí Salvador Donoso, uno de los ideólogos de la guerra santa, inicia la ceremonia citando: “Yo te elegí como mi pueblo, tú eres Israel”. Era la Catedral donde se ungía a los virreyes, y al tomarla Chile estaba reformulando simbólicamente la hegemonía cultural del Pacífico. Por el lado de los ideólogos de la guerra cívica, Isidoro Errázuriz funda un periódico en Lima, que bautizó como “La Actualidad”, donde pretenden extender su campaña de adoctrinamiento a los peruanos.

–¿Este discurso arcaico continuó pasada la guerra o hizo crisis?

–Hizo crisis, porque luego del festejo de la victoria en el Campo de Marte de Santiago en 1884, siete años más tarde estalla una guerra civil terrible. Eso demuestra que ese discurso de la unidad era una construcción feble y vulnerable, que no pudo resistir el surgimiento de nuevas hegemonías.


Página12, 21 de marzo 2010
“Sarmiento era un especialista en la picana”

Presidente de la Cámara de Diputados de Santa Fe en 1973, a los 26 años, Rubén Dunda contó a este diario por qué creó la Comisión Bicameral que investigó el secuestro, tortura y asesinato del estudiante Angel Brandazza. El caso había conmovido a Rosario en 1972. Un patrón de conducta que volvería masivamente en 1976 y una figura clave: el coronel Luis Sarmiento.

Por Martín Granovsky
A los 63 años, Rubén Dunda sigue recomponiendo piezas sueltas de su vida y recuerda siempre un nombre, el del coronel Luis Alberto Sarmiento, que en 1972 ya revistaba en la inteligencia militar y luego del golpe de 1976 siguió haciéndolo gracias a su especialidad: era un experto en el interrogatorio con picana eléctrica.

Dunda, sociólogo, juez comunal santafesino en Fighiera, una localidad próxima a Rosario, docente de la materia Liderazgo y Creatividad en la carrera de Relaciones Laborales, fue presidente de la Cámara de Diputados de Santa Fe en 1973, a los 26 años. Una de sus decisiones fue crear y alentar el trabajo de una Comisión Bicameral que ese mismo año decidió investigar el secuestro y asesinato del estudiante universitario Angel Brandazza. (sigue)

Friday, March 19, 2010

Revista Ñ
martes 16 de marzo del 2010

Entrevista a Cilly Kugelmann
Los museos y el porvenir de la memoria

La directora del Museo Judío de Berlín, el primero erigido por un pueblo perpetrador en tributo a sus víctimas, analiza las tensiones presentes en las instituciones consagradas al trauma colectivo. Su recorrido por distintos memoriales, desde Kiev a Varsovia, propicia por adelantado la reflexión sobre el futuro todavía incógnito del museo de la ESMA.

Por: Matilde Sánchez

                                              KUGELMANN. "Los museos nunca son un espacio
                                                           aséptico ni sencillo de armar. Aun en una
                                                          democracia sólida, las instituciones conmemorativas
                                                          son siempre muy ambivalentes", dice la experta.

El anhelo de procesar traumas colectivos –agudizado por la insuficiencia de la Justicia– trajo a América Latina iniciativas oficiales para erigir espacios de duelo y resarcimiento. Como en el Museo del Holocausto de Washington, el Museo del Apartheid de Sudáfrica y el de la Cruz Roja en Ginebra, estos anclajes buscan unificar criterios de verdad histórica y se consideran clave en la pedagogía pública. En estos veinte años, por ser el epicentro dramático del siglo XX, la Berlín unificada ha sido el laboratorio más propicio para observar y ensayar las posibles mutaciones escénicas de una ciudad. Pese a que existen varios museos judíos en Alemania, el de Berlín, construido por el arquitecto Daniel Libeskind, es la institución nacional y recibe más de setecientos mil visitantes por año. Esta fue la conversación con su directora de programa, Cilly Kugelmann, sobre los alcances de ese espacio destinado al tributo y la reflexión sobre el Holocausto.

Difícil encontrar otra ciudad como Berlín, donde cada nuevo monumento estuvo sujeto a una suerte de plebiscito. ¿De qué sirve un museo si está tan sujeto a la polémica?

Todas esas polémicas urbanas están vinculadas de un modo u otro con la Segunda Guerra. En su origen, los espacios de honra a las víctimas, de cualquiera de los grupos, no partieron de una medida oficial. Las iniciativas surgían espontáneamente de las ongs, en algunos casos con ayuda municipal. Eran pequeños enclaves de duelo en toda Alemania; otro ejemplo son las cruces que conmemoran el sitio donde cayeron muertos germanoorientales en sus intentos de cruzar la frontera. El Museo Judío desató algo de polémica en torno a su estatus pero no el museo en sí. En la Alemania posmuro, la mayor controversia la desató el memorial a las víctimas judías del Holocausto, del escultor Peter Eisenman, una obra comisionada por el Estado federal. Esto condujo a disputas en las que participó toda la sociedad. Desde el comienzo quedó claro que otros colectivos sociales y étnicos se sentían excluidos y tan merecedores de un homenaje como los judíos, por ejemplo los gitanos y homosexuales.

¿La escultura de Eisenman le parece interesante?

Me siento distante de esta obra no por razones políticas sino emocionales; pero supongo que es lógico. Aún hoy sigue siendo difícil imaginar en Alemania un memorial compartido entre alemanes y judíos, algo mutuo, un terreno de duelo común, dado que las emociones sobre este hecho histórico son opuestas. Si bien los descendientes aprendimos las lecciones de la culpa y la responsabilidad, las emociones del perpetrador, en este caso nosotros, son diametralmente diferentes. Desde luego, a medida que pasa el tiempo es más fácil que las partes se acerquen. No creo que ningún francés tendría hoy problema en ir a trabajar a los campos de Waterloo; Napoleón está muy lejos. Pero la Segunda Guerra es algo distinto, sigue siendo un asunto de familia. Aún hay hijos y nietos de las víctimas con una memoria familiar del mayor genocidio de la historia. El hijo o nieto de una víctima no puede ponerse en la piel del perpetrador y simplemente dejar un ramo. No puede haber una representación simbólica compartida.

Pero de su ubicación en la capital del nazismo deriva toda la fuerza de las obras de Eisenman y el Museo de Libeskind.

Sí, pero fueron obras comisionadas por el Estado alemán y ellos actuaron como escultor y arquitecto. Es la nación de los perpetradores la que se pone en la piel de las víctimas. ¿Cómo luciría un memorial que rinde culto al perpetrador? ¿Qué tenemos para conmemorar? Nada...

El Museo Judío ofrece una versión de la historia que contrasta mucho con el memorial a las víctimas de la Segunda Guerra, la controvertida Neue Wache , o Nueva Guardia.

Sí, esa polémica precedió la caída del muro. Fue en 1988, a partir de la iniciativa del canciller Helmut Kohl de compartir este memorial con la Alemania comunista. La Nueva Guardia conmemora a todos los caídos, a los soldados perpetradores y a las víctimas civiles de los bombardeos aliados, todos revueltos bajo un eslogan neutro. Y aquí entramos en las particularidades de los géneros artísticos: se trata de una llama votiva cristiana, es una pietá, rinde tributo a los hijos perdidos en las guerras. La pietá es un género bien antiguo de la escultura y, por cierto, muy inespecífico. No remite a la culpa ni la responsabilidad sino al puro dolor desde el punto de vista civil. Es el duelo de la madre ante el cuerpo yerto de su hijo. Y aunque la autora original de la obra no era una artista nacionalista sino todo lo contrario, esa pietá allí resulta completamente apolítica. Iguala a las víctimas, al soldado, al niño muerto en un bombardeo, al gaseado en un campo de concentración.

Recordemos el asunto: el espacio tiene en el centro la pequeña pietá de bronce de la escultora Käte Kollwitz en una copia ampliada. Esta artista fue incluida en la famosa muestra llamada "Arte degenerado" ( Entartete Kunst ) y organizada durante los primeros años de Adolf Hitler para agraviar a los incluidos.

Sí, pero más allá de la ampliación de una obra de arte, de dudoso gusto, es fallida porque presenta una interpretación de la historia bajo el paradigma de la víctima. El resultado es un mensaje ambiguo, que elude la reflexión sobre la estructura del genocidio: diluye la culpa, extiende la condición de víctima a toda una nación que sufrió una desgracia sin nombre, llegada de alguna parte, llovida del cielo... La obra de Eisenman, por otra parte, tampoco se define como una obra judía sino como un vasto cementerio, con lo cual asume el punto de vista de la víctima y el duelo. ¿Hay modo de que nos pongamos realmente, mientras contemplamos una obra, en la piel de la víctima o sus descendientes, si no lo somos?

Bertolt Brecht enseña que lo que se exhibe siempre puede adquirir otros sentidos en el futuro y eso explica la extraordinaria supervivencia del arte. Es notable que, pese a la fuerte educación pública de Alemania contra el nazismo, haya tan pocas imágenes de Hitler mismo, por ejemplo en los frisos fotográficos de la Topografía del terror, mientras que Himmler o Goebbels aparecen en abundancia.

No creo que sea deliberado. Hitler estaba a la cabeza de todo pero cuando se trata de mostrar ciertos acontecimientos señalados, simplemente no estaba en las fotos; no hay tantísimas fotos de él, por otra parte. Pero hace muchísimos años que su figura de cera está en el Museo de Madame Tousseaud, de Londres, lo que prueba su rango de figura pública. Hitler fue tabú durante los años que siguieron a la Segunda Guerra, no para los historiadores, claro, pero sí para la sociedad y no sólo en Alemania. Fue mucho más tabú que Stalin. Pese a su figura tan estereotipada y apta para la caricatura, con esa cabeza y el bigotito, conserva algo de tabú cultural, ese carácter sexual de las prohibiciones. De hecho, habrá visto usted la nueva moda de directores estadounidenses e incluso judíos que reclaman para sí el derecho de hacer humor con Hitler, cuando en verdad nada se los prohíbe. Esto demuestra que el tabú sigue vigente.

¿Cuál fue la crítica al museo?

Se cuestionaba el hecho mismo de que hubiera un Museo Judío en Alemania. Se pretendía que, al existir un museo histórico con una colección judía, lo nuestro acabaría siendo populista, al estilo de un parque temático.

No diría que este museo lo sea, a diferencia del Museo del Holocausto de Washington, que en algunos tramos es directamente pueril y se confunde con un estudio de cine. No se priva ni de la estación de trenes a Auschwitz.

No coincido. A mí me sorprendió el rigor histórico con que abordan ciertos aspectos. Pero no me convence para nada el sector para niños y jóvenes, el Libro de Daniel. No diría que es pueril pero sí que emplea estereotipos de manera muy consciente. Los estadounidenses están convencidos, y tal vez con buenos fundamentos, de que el grueso de los visitantes no son muy ilustrados; ignoran la historia y necesitan de esos estereotipos y de ahí las puestas en escena, tramos de películas de ficción y documentales, etc. Y, por cierto, yo no creo que siempre hagan falta los artefactos, una barraca de utilería para dar el sentido de aquella barraca... Una barraca sólo tiene sentido y me cuenta una historia trascendente si es original y está en su contexto real; si veo las barracas en Auschwitz, aunque haya quedado sólo una ínfima parte, ni siquiera me preocuparía por reconstruir el resto. En la curaduría de un museo histórico siempre hay que preguntarse si cada pieza, aunque se trate de una original, ilumina o es pura decoración. Le aseguro que a veces la respuesta no es tan fácil. También las experiencias visuales son distintas según la procedencia; algunas piezas del museo de Washington, destinadas al público masivo que llega de otros estados, no serían al gusto centroeuropeo pero adquieren trascendencia en la cultura popular norteamericana. Tenemos actitudes muy distintas, sobre todo en el acercamiento al kitsch. En los EE.UU. tienen un gran anhelo de simplicidad. Del mismo modo, nuestro Museo Ju­dío es visitado masivamente por turistas, entre ellos alemanes, claro. Es el mayor desafío hacer un museo para grandes masas de visitantes y aún así mantener la complejidad del tema. Para que la gente comprenda lo que quere­mos transmitir, debemos partir de elementos conocidos. Nunca se puede someter al visitante a un universo de cosas desconocidas por completo. No sé si diría que queremos que la gente aprenda, quizá es demasiado ambicioso; yo quiero que se interesen, que sal­gan de la exposición con interés suficiente para comprar un libro sobre el tema.

Se ha escrito mucho sobre el edificio de Libeskind, que está más próximo a una obra de arte que a la arquitectura museística. El zigzag de corredores para el pueblo judío en 1933 lo instala de lleno en una obra alegórica.

Bueno, es una arquitectura des­tinada a inducir una experiencia simbólica del espacio. Es cierto que es un espacio difícil para ha­cer un museo pero le aseguro se puede hacer un museo en cual­quier parte, es cuestión de dinero y creatividad.

Lo que la colección deja al visi­tante es la dimensión de una in­valorable pérdida cultural. ¿Qué es lo alemán del siglo XX si se le resta la tradición judía?–

Después del 45 Alemania fue un país distinto, que no se pue­de comparar con el país previo a 1933. La guerra y la culpa del ge­nocidio cambiaron por completo a la sociedad. La pérdida que us­ted señala no se puede medir pe­ro déjeme decirle que Alemania también perdió su capacidad de una relación positiva con la pro­pia historia nacional. Usted no encontrará a un solo alemán que recuerde la letra del himno nacio­nal, ni siquiera entre los políticos. La melodía la conocemos todos; así, después de la unificación se pasa en la radio a medianoche pe­ro sin la letra. De hecho, hace rela­tivamente poco salieron a relucir banderas, pero se limita a las ma­nifestaciones deportivas. Y está relacionado con la reunificación. Yo diría que Alemania es el país más liberal del mundo en tema de derechos civiles; y sin embargo, no hay orgullo por ello.

¿Recordamos mejor el pasado, de un modo reflexivo, si tenemos un museo?

Los memoriales cumplen una función política trascendente dado que expresan una posición sobre el pasado. Aunque establecen una posición oficial en su fundación, cambian de perspectiva con el tiempo y alojan muchas visiones y sucesivas actitudes. Por ejemplo, un país como Sudáfrica debía fijar una posición sobre el apartheid: se trata de una declaración pública que identifica el carácter criminal de los hechos y expresa una res­ponsabilidad hacia la víctima: se los rehabilita moralmente o se los recompensa financieramente. La higiene de la sociedad se vincula con estas declaraciones públicas.

¿Qué ocurre cuando el museo se erige en un país de partido único? Pienso por ejemplo en el Museo de la Revolución, en Cuba, o en Auschwitz, en Polo­nia, durante los años de inter­vención soviética.

En un ambiente político donde hay un poder poco democrático y la oposición no tiene fortaleza, se entra en combinaciones muy falli­das. Hay que ver quién lo encargó, quién lo financia y qué se quiere expresar. Existe, por ejemplo, un Museo del Terror en Budapest y es un pésimo ejemplo de una lec­tura nacionalista de la historia. Hay dos tipos de instituciones de la memoria. Los museos eri­gidos en el lugar de los hechos, de manera que se convierte en una interpretación estética del lugar real; y los memoriales, una forma estética con una relación abstracta, una escultura sin in­terpretación espacial. Cada uno es recibido de diferente modo y aporta distintos mensajes. Sus condiciones de creación son muy distintas también. Ahora en Corea están creando un memorial a las mujeres víctimas de violación por los japoneses. En Camboya, uno sobre la masacre de Pol Pot y los Kmehr rojos. Ahora bien, llegar a la concreción de estas institucio­nes es un proceso que lleva tiem­po. Por ejemplo, el memorial del World Trade Center a mí me pare­ce demasiado precoz, veremos en qué consiste.

No es igual el proceso en Ru­sia, donde después de un des­hielo de unos pocos años, vol­vieron a cerrarse los archivos de la Segunda Guerra para los historiadores no rusos.

No existe un memorial a las víc­timas del estalinismo en Rusia; la sociedad no está madura para eso. Existen memoriales sovié­ticos a las víctimas del nazismo pero el principal problema es que la misma población fue víctima y ofició de perpetrador. En Polonia fueron ambas cosas. Víctimas del estalinismo y del nazismo perse­guían a los judíos; son sociedades mixtas. En una única vida bioló­gica la población pasaba de un bando a otro. En el museo, más claramente que en el memorial, hay que fijar una posición, se trata de fijarla, en rigor. Asimismo, en las ex repúblicas soviéticas uno encuentra cuatro memoriales pa­ra expresar puntos de vista sobre un mismo período. En Kiev, hay un memorial judío, uno soviético, otro ucraniano y otro polaco.

Entonces los memoriales no se pretenden espacios neutros de corrección política.

No, nunca son un espacio asépti­co ni sencillo de armar. Aun en una democracia sólida, las instituciones conmemorativas son siempre muy ambivalentes. Alemania, con toda humildad, es el primer país que erige un memorial gigantesco para condenar su propia política y hon­rar a sus víctimas. Nuestra historia es bien clara: tenemos a los judíos, las víctimas, y nosotros, alemanes perpetradores. Y aun así el Museo Judío nos llevó 40 años.
Página 12
Viernes, 19 de marzo de 2010

Mañana seré Adolf

Por Juan Forn
Un caballo cruza a todo galope la frontera entre Rusia y Mongolia. El año es 1921. A pesar de los veinte grados bajo cero, el jinete va con el torso desnudo, salvo por una túnica amarilla hecha jirones y un puñado de talismanes que cuelgan de su cuello. Su única posibilidad de salvación es agotar a sus perseguidores y perderse en la estepa, porque tanto el Ejército Rojo como el Ejército Republicano Chino han puesto precio a su cabeza. El nombre del fugitivo es Nikolai Maximilian von Ungern-Sternberg. Es austríaco de nacimiento y ruso por adopción, pero en la estepa mongola se lo conoce mejor como la reencarnación del Genghis Khan, o Mahakala, Señor de la Tiniebla. Budista, sádico, antropófago, asesino, antisemita y antibolchevique furioso, Ungern-Sternberg parece un perfecto villano de historieta, y de hecho Hugo Pratt le dedica un episodio fulminante en Corto Maltés en Siberia, pero el tipo existió en la vida real y fue una desgracia para todos los que tuvieron la mala suerte de cruzárselo, incluyendo a un anónimo cabo retirado del ejército austríaco en 1918 del cual hablaremos en su momento. (sigue)

Wednesday, January 27, 2010

miércoles 27 de enero de 2010

Detienen a requisitoriado por terrorismo

La Jefatura de la región policial Huancavelica, hace de conocimiento a la población huancavelicana sobre la identificación, ubicación y captura de Félix Chahuayo Quispe (48) requisitoriado, por el delito de terrorismo agravado, en agravio del estado peruano y otros, hecho suscitado en la jurisdicción de Huancavelica.

Personal policial de la DIVCOTEANDRO-PNP-HVCA, se constituyó en el lugar denominado “Río Disparate” en inmediaciones de Santa Bárbara - Huancavelica ya que por información de inteligencia operativa, tuvieron conocimiento que el requisitoriado, por terrorismo agravado Félix Chahuayo Quispe (48), se encontraba en el lugar antes indicado, luego de realizar la vigilancia correspondiente, lograron la ubicación de dicho intervenido, el mismo que al notar la presencia policial pretendió darse a la fuga por lo que fue reducido, capturado y trasladado a dicha dependencia especializada a efectos de realizar las diligencias y documentación respectiva.

Integrante de SL en los años 90

Asimismo el personal policial de dicha sub unidad al realizar la entrevista policial al requisitoriado, este indicó que en el tiempo que estuvo en las filas de Sendero Luminoso, perteneció al comité zonal de Huancavelica, pelotón Nº 21 y era conocido como el “Camarada Juan”, asimismo participó en diferentes incursiones y emboscadas en los lugares de Yauricocha, Manzanayoc, Pucapampa, pertenecientes al distrito de Santa Ana – Castrovirreyna - Huancavelica, también obtuvieron información que dicho intervenido dió muerte en el mes de diciembre del año 1998 al camarada “Franco”.

Al realizar dicho operativo y al consultar en la base de datos de la central de requisitorias de personas y vehículos (DATAPOL), que obra en la DIVINCRI-PNP-HVCA dió como resultado positivo para Felix Chahuayo Quispe solicitado por el primer Juzgado Penal de Huancavelica, por el delito de terrorismo agravado.

Publicado por Huancavelica Noticias en 1/27/2010 07:12:00 AM

Thursday, December 31, 2009


por Johnny Zevallos y Víctor Arrambide

Frente a los dilemas existentes en la política peruana reciente y su constante repensar en los diferentes campos científicos y literarios, decidimos entrevistar al historiador estadounidense Mark Thurner, profundo investigador de la historia política peruana del siglo XIX.

Mark Thurner es profesor asociado de historia y antropología en la Universidad de Florida. Ha sido investigador asociado en el IEP y en El Colegio de México, además de profesor visitante en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es coeditor (con Andrés Guerrero) de After Spanish Rule: Postcolonial Predicaments of the Americas (2003), compilador de Sebastián Lorente: Escritos fundamentales de historia peruana (2005). Asimismo, es autor de Republicanos andinos (2006) y de numerosos artículos aparecidos en prestigiosas revistas americanas y europeas. Un artículo suyo apareció en el reciente libro de Pablo Sandoval, Repensando la subalternidad (2009). Próximamente saldrá su nuevo libro sobre la historia de la historia peruana intitulado El abismo de la historia. (sigue)

Ver más en su blog: http://www.elhablador.com/dossier17_thurner1.html

Friday, November 27, 2009

REPORTAJE: ESPECIAL BICENTENARIO Historia

El legado de la libertad

John Lynch, biógrafo de Simón Bolívar y de José de San Martín, reivindica la figura de los dos grandes héroes de la independencia. "Ejercieron un liderazgo desinteresado, sin esperanzas de obtener privilegios, ambos fueron modélicos"
FERNANDO GUALDONI 28/11/2009
El País

Una legión de ordenanzas, desde la ciudad de Panamá hasta Tierra del Fuego, se afana en sacarle brillo a los miles de retratos de Simón Bolívar y José Francisco de San Martín que presiden las aulas, cuarteles y ministerios desde hace casi dos siglos. Son los rostros mitificados de los dos máximos libertadores de América del Sur que suelen compartir pared con Jesucristo crucificado. Son los héroes intocables. Aunque el legado de ambos se ha utilizado como al gobernante de turno le viniera mejor, sus vidas han estado por encima de todo, como si hubiesen sido sobrehumanos.

Ningún latinoamericano gusta de asumir que ambos libertadores acabaron su obra apesadumbrados. Los dos empezaron su lucha como auténticos republicanos y la terminaron coqueteando con la monarquía. Bolívar llegó incluso a redactar una Constitución vitalicia y con derecho a elegir sucesor. San Martín abandonó su Argentina natal y murió en el exilio en Francia, mientras que su par venezolano falleció enfermo en Colombia, poco después de que su sueño de una América unida se hubiera roto para siempre.

"San Martín y Bolívar pueden describirse como herederos del absolutismo ilustrado, ambos creían que la mejor forma de servir a la independencia era a través de gobiernos fuertes que impusieran el cambio social contra los intereses de los terratenientes", explica el prestigioso hispanoamericanista John Lynch. Para este profesor, "criticar a ambos por haber acabado sus vidas siendo absolutistas conservadores en vez de demócratas liberales es sacar las cosas de quicio. Ninguno de los dos podía satisfacer todos los intereses y no eran tan idealistas como para llevar a sus países hacia la destrucción en una vaga búsqueda de la igualdad. Tuvieron dudas legítimas sobre cuál era el nivel de libertad apropiado y hasta dónde los diferentes grupos opuestos podían actuar sin poner en peligro la propia existencia de los nuevos Estados. Respecto al ejercicio de un liderazgo desinteresado, sin esperanzas de obtener privilegios, ambos libertadores fueron modélicos".

El profesor Lynch, de 82 años, declinó la oferta de hacer una entrevista en Londres por problemas de salud y prefirió hablar sobre las independencias hispanoamericanas desde su ordenador. A través del ciberespacio, el director del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Londres -hoy Instituto de las Américas- desde 1974 a 1987 reflexiona sobre los acontecimientos de hace 200 años y cómo éstos aún marcan la vida de los hispanoamericanos. Es un ir y venir de preguntas que podría prolongarse infinitamente.

Lynch conoce la vida de los libertadores como pocos. En 2006 publicó la biografía de Bolívar y hace sólo unos meses la de San Martín (Yapeyú, 1778-Francia, 1850), las dos en la editorial Crítica. No sólo relata sus vidas, sino que contextualiza minuciosamente sus decisiones. Desde la grandeza hasta las intrigas y la rivalidad que pudo haber entre los dos... Todo está en esos textos. En las biografías aprovecha para poner en primer plano y con lujo de detalles la sociedad hispanoamericana de la primera mitad del siglo XIX. Son el complemento de otros dos textos clave de Lynch para entender la construcción de los nuevos Estados: Las revoluciones hispanoamericanas, 1808- 1826 (Ariel, 1989) y Caudillos en Hispanoamérica, 1800-1850 (Mapfre, 1993).

Bolívar, nacido en Caracas el 24 de julio de 1783, era hijo de un terrateniente y comerciante criollo de buena posición. La familia llegó a solicitar un título nobiliario cuya tramitación nunca se concretó. El joven Simón se educó en su tierra natal, pero su fortuna le permitió, siendo aún adolescente, viajar a Europa. Contrajo matrimonio a los 19 años con María Teresa Rodríguez del Toro en Madrid. Ella murió menos de dos años después de fiebre amarilla y él nunca volvió a casarse. Dedicó su vida a conjugar la política, la diplomacia y la guerra.

El 25 de febrero de 1778 nació San Martín en Yapeyú, hoy provincia de Corrientes, Argentina. Allí estaba destinado su padre, un militar palentino, para administrar los bienes que habían dejado los jesuitas tras su expulsión. A los siete años regresó a España y con apenas 11 se enroló en el Regimiento de Murcia. Combatió en Melilla y Orán y contra los franceses en Bailén. Renunció al Ejército español en 1811.

Por entonces, tanto Bolívar como San Martín supieron advertir la debilidad de España como potencia imperial y la importancia de Gran Bretaña como aliado. Bolívar, asegura, Lynch, valoró que Londres "proporcionaba a Hispanoamérica la protección que ésta necesitaba: la Marina británica, en pos de los intereses británicos [sobre todo comerciales], impediría cualquier agresión europea en las Américas".

"Las crecientes demandas económicas de las colonias españolas son un aspecto importante de la independencia y San Martín y Bolívar fueron conscientes de ello. Sin embargo, ésta no es la explicación fundamental de la crisis. El Gobierno de los Borbones cambió el carácter del Estado colonial y el ejercicio del poder en América. Carlos III y sus ministros sabían menos de la América española que los historiadores modernos. Los datos los tenían. Los informes de las capitales virreinales ya habían empezado a registrarse en el Archivo de Indias. Pero nadie los leía o, si lo hacían, no los entendían. El pasado fue ignorado, hasta repudiado. El reinado de los Habsburgo se había relacionado con sus colonias a través del consenso y, desde 1650 hasta 1750, había permitido a los criollos tener acceso a la burocracia y los negocios. Los americanos desarrollaron un mercado interior pujante", explica el historiador.

"Pero, a partir de 1750, los Borbones decidieron poner fin a esta anomalía y volver a los tiempos en que se degradaba a los criollos. El objetivo era restaurar la grandeza imperial de España, y al hacerlo, alienar a la élite criolla que vio cómo el Gobierno y la economía de América pasaba a manos exclusivas de los españoles peninsulares", recuerda el hispanoamericanista. "Esta deconstrucción del Estado criollo, este proceso de desamericanización de América, fue el disparador de las revoluciones por la independencia. Fue este absolutismo colonial el que generó los movimientos de resistencia que acabaron dirigiendo San Martín y Bolívar".

Los libertadores estuvieron a punto de encontrarse a finales de 1811 en Londres, pero San Martín llegó poco después de que Bolívar y otro venezolano, Francisco de Miranda, marcharan a América a impulsar el movimiento independentista. Miranda, considerado por muchos historiadores el padre de la emancipación americana, fue más tarde acusado por Bolívar de traidor a la causa y entregado por éste al Ejército español. El militar, que había luchado en la Revolución Francesa y la independencia de Estados Unidos, murió enfermo en una prisión de Cádiz en 1816. Más de un estudioso ha interpretado que Bolívar traicionó a Miranda para ser la única cabeza del movimiento revolucionario.

En 1822 en Guayaquil, tras el único encuentro que mantuvieron los dos libertadores, San Martín también se marchó con la sospecha de que Bolívar le había negado el apoyo militar necesario para acabar en Perú la guerra contra España con el fin de convertirse en el único héroe de la gesta. "San Martín nunca pudo explicarse a sí mismo o a otros las razones de la negativa. Es plausible creer que Bolívar quiso quedarse con toda la gloria", reconoce Lynch. Dos años más tarde, el mariscal Antonio José de Sucre, el oficial favorito de Bolívar, libró en Ayacucho la última batalla por la independencia.

Mucho antes de la victoria final sobre el Ejército español, San Martín y Bolívar se habían dado cuenta de que las luchas intestinas por el poder en América del Sur iban a ser un peligro mucho mayor que la Corona. El general argentino armó el Ejército de los Andes, cruzó la cordillera para emancipar Chile con escasa ayuda de Buenos Aires y se embarcó para liberar Perú desobedeciendo órdenes del Gobierno porteño, mientras que el venezolano vio cuestionada su autoridad por los dirigentes locales en varias ocasiones. Llegó a sofocar sin piedad una revuelta de los mestizos encabezada por Manuel Piar, un general muy cercano al libertador.

"El caudillismo es la forma primitiva de la dictadura moderna y no deriva del colonialismo español. España gobernaba América Latina a través de las instituciones tradicionales de la propia monarquía -virreyes, gobernadores, audiencias-, no a través de los caudillos. Pero el derrumbe de los Borbones en 1808 dejó un vacío de poder en América que los líderes locales se apresuraron a llenar", reflexiona Lynch. "El caudillismo es, pues, un producto de las guerras de independencia, cuando los líderes regionales pudieron reunir los hombres y los recursos y, a través de ellos, ejercer el poder y el clientelismo político. Tras la independencia el caudillismo continuó desarrollándose, aunque no de forma ininterrumpida. La dictadura de Rosas en Argentina y más tarde el Gobierno de Perón tenían sus señas: absolutismo, exclusivismo y abuso del patronazgo. Estadistas como San Martín y Bolívar no fueron caudillos. Ellos no tuvieron una base económica personal o de fortaleza social para alzarse como tales".

A menudo, cuenta el profesor, se le pregunta si Hugo Chávez, que ha cambiado el nombre de su país por el de República Bolivariana de Venezuela, puede invocar a Bolívar como modelo. "Para responder menciono tres cuestiones: en primer lugar, se llama a sí mismo un "revolucionario bolivariano" y habla de establecer un Estado socialista. Bolívar nunca promovió una revolución social ni pretendió hacerlo. La redistribución de la tierra, la igualdad racial, la abolición de la esclavitud, los decretos a favor de los indios eran las políticas de un reformista, no de un revolucionario. Bolívar era demasiado realista para creer que podía cambiar la estructura de la sociedad de América del Sur por la imposición de leyes o políticas inaceptables para los principales grupos de interés. La segunda cuestión se refiere a las relaciones internacionales. Bolívar cultivó el apoyo de las grandes potencias, no de los países marginales. Mantuvo cierto recelo hacia Estados Unidos pero admiraba cómo este país había encarnado los ideales de igualdad y libertad. Fue deferente hacia el poder imperial de Gran Bretaña. El comercio y las inversiones británicas los vio como un beneficio, no como una amenaza. La tercera cuestión es tal vez la única que le da la razón a Chávez. Una de las ideas más controvertidas de Bolívar era que los presidentes debían servir de por vida y tener el poder de nombrar a su sucesor. Y el historial de Chávez muestra que él siempre está hambriento de poder".

El argentino Juan Manuel de Rosas, el venezolano José Antonio Páez, el mexicano Antonio López de Santa Anna o el guatemalteco Rafael Carrera, entre otros, fueron los precursores de un modelo de gobierno que ha perdurado en América Latina, un sistema personalista sustentado en la relación patrón-cliente. "La figura del caudillo, que normalmente procedía de una base de poder regional, supuso uno de los mayores obstáculos para el desarrollo de las naciones. La soberanía personal destruía las constituciones. El caudillo se convirtió en el Estado y el Estado en propiedad del caudillo. Paradójicamente, los caudillos también pudieron actuar como defensores de los intereses nacionales contra las incursiones territoriales, las presiones económicas y otras amenazas externas, fomentando, asimismo, la unidad de sus pueblos y elevando el grado de conciencia nacional. Los caudillos eran representantes y a la vez enemigos del Estado-nación", aclara Lynch. "La historia de las dictaduras no constituye toda la historia de Latinoamérica. Pero aun en los regímenes constitucionales quedaron rastros del pasado. Desde el caudillismo primitivo, pasando por la dictadura oligárquica, hasta los líderes populistas, la tradición del caudillo fue dejando huella en el proceso político. Quizás la cualidad más importante de los caudillos, que les sirvió para sobrevivir a los avatares de la historia, haya sido el personalismo, descrito por un historiador como la sustitución de las ideologías por el prestigio personal del jefe".

Los libertadores fueron capaces de advertir muchos de los males que azotarían a la región en los años venideros. En su carta de despedida del pueblo peruano, San Martín alertó sobre el peligro de los golpes de Estado: "Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos. La presencia de un militar afortunado por más desprendimiento que tenga es temible a los Estados que de nuevo se constituyen...", escribió el 30 de septiembre de 1822. Esa misma noche se embarcó rumbo al exilio.

Simón Bolívar plasmó su decepción en noviembre de 1830 en una carta al general Flores, el primer presidente del flamante Ecuador: "Usted sabe que he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: 1. La América es ingobernable para nosotros. 2. El que sirve a una revolución ara en el mar. 3. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4. Este país caerá infaliblemente en manos de una multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas...".

A pesar del desencanto, John Lynch acaba las dos biografías convencido de que ambos libertadores fueron hombres tenaces que llevaron sus ideales hasta las últimas consecuencias. Tal vez acabaron sus vidas con cierto sabor amargo, pero convencidos de su obra. Ambos primaron los intereses americanos frente a los de sus países y los suyos propios. San Martín nunca pretendió una unión regional. No ignoró las diferencias entre Argentina, Chile y Perú; y las asumió con el mayor pragmatismo. Bolívar sí mantuvo durante 12 años su sueño de la Gran Colombia (Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador juntos). Y aun quebrado su proyecto, preservó la ilusión de una América libre e igualitaria hasta el último aliento.

"En la víspera de los bicentenarios de las independencias", reflexiona Lynch, "España puede argumentar que su imperio en América no fue malvado. Hay muchas cosas de las cuales puede enorgullecerse: la organización de las instituciones, el desarrollo económico y la educación de los pueblos, entre otras cosas. El descontento de los criollos que generó el movimiento independentista no fue el resultado de tres siglos de opresión despiadada, sino una reacción a la política de los Borbones hacia la región y a los acontecimientos de 1808".

Gritos de independencia

El primer levantamiento independentista se produce en Charcas, hoy Sucre, en Bolivia el 25 de mayo de 1809. A su vez en todo el continente, para evitar una confrontación militar, los patriotas hispanoamericanos propusieron una fórmula de transición basada en traspasar la autoridad política a los cabildos capitalinos transformados en Cabildos Abiertos, y éstos en Juntas de Gobierno regionales, elegidas por el pueblo, y consideradas como la máxima autoridad. Uno de los primeros en poner en marcha estos cabildos autogestionados fue México (que proclamó la independencia en 1813). La instauración de estos Cabildos, primer paso para la independencia, fue la siguiente: Caracas el 18 de abril de 1810 (con la independencia sellada tras una batalla el 24 de mayo de 1821), virreinato de Río de la Plata con el cabildo de Buenos Aires el 25 de mayo de 1810 (independencia definitiva en 1816), virreinato de la Nueva Granada con el cabildo de Santafé de Bogotá el 20 de julio de 1810 (independencia definitiva de Colombia en 1819), Capitanía General de Chile con el cabildo de Santiago de Chile el 18 de septiembre de 1810 (independencia definitiva 1818) y Quito el 19 de septiembre de 1810 (Guayaquil proclama la independencia en 1820 y Quito en 1822). -

San Martín. Soldado argentino, héroe americano. John Lynch. Traducción de Alejandra Chaparro. Crítica. Barcelona, 2009. 416 páginas. 28 euros.

Sunday, November 22, 2009

Clarín / Domingo, 22 de noviembre de 2009

CINE › EL PREESTRENO DE AWKA LIWEN, DE KRISTINA HILLE Y MARIANO AIELLO

Historia que no cuentan los que ganan

Con guión de los directores y Osvaldo Bayer, el film exhibido en la Biblioteca Nacional pone al descubierto el modo en que los terratenientes arrasaron con los pueblos originarios. Habrá una versión para distribuir en escuelas.
Por Facundo García

La premisa es sencilla: un defensor de la verdad repasa el conflicto más invisibilizado por las clases dominantes de la Argentina a través de un documental de una hora y media. Awka Liwén –“rebelde amanecer”, en mapuche– se puede resumir en esa idea, pero es más que eso. Osvaldo Bayer se pone al hombro la tarea de desglosar las trapisondas que la oligarquía ha sembrado sobre el campo y sus habitantes en los últimos doscientos años, incluyendo la reciente rebelión de los empresarios agropecuarios. Lo acompañan los directores Kristina Hille y Mariano Aiello, que trabajan desde hace años en distintas iniciativas para defender los derechos de los pueblos originarios. Si todo avanza según el cronograma, la cinta se estrenará en marzo de 2010. Y a juzgar por lo que se vio en el preestreno del viernes en la Biblioteca Nacional, va a dar muchísimo que hablar. (sigue)

Monday, November 16, 2009

Salió otro número de Istor. Se pueden ver los números anteriores, muy buenos, aquí.

Presentación

Dossier

Patrice Gueniffey. Un año antes: Napoleón en España, 1808

Frédéric Hitzel. Estambul y sus revoluciones: camino hacia la modernidad

Claude Markovits. Calcuta y el mundo

Ruth de Llobet. El poeta, el regidor y la amante: Manila y la emergencia de una identidad criolla filipina

Notas y diálogos

María Paz Amaro. William Blake: la exposición de 1809

Gerardo Piña. William Blake, profeta en la tierra

Ventana al mundo

Valeria Luiselli. Mancha de agua

David Miklos. Ser triestino: Claudio Magris, 70 años remontando el Danubio

Coincidencias y divergencias

Carl W. Ernst. ¿El Occidente y el Islam? Repensar el orientalismo y el occidentalismo

Textos recobrados

G. C. Coulton, et. al. Sobre l’ abbé Jacques-Paul Migne

Coronel Thomas Roig. Informe sobre los indios organizados en pueblos colindantes con Sinaloa, sierras de Álica y Huajicori, 1866

Teniente-coronel D’Albici. 1866, La Laguna, México: carta al general Castagny

Uso de la historia

Jean Meyer. La Historia y sus lecciones

in memoriam

Adolfo Castañón. Oración fúnebre por Alejandro Rossi (1932-2009)

Reseñas

Orlando Figes, The Whisperers, Private Life in Stalin’s Russia (José Manuel Prieto)

Tomás Pérez Vejo, España en el debate público mexicano, 1836-1867: aportaciones para una historia de la nación (Emilio de Antuñano)

Stuart B. Schwartz, All Can Be Saved. Religious Tolerance and Salvation in the Iberian Atlantic World (Jean Meyer)

Varios autores, Colección Para entender (David Miklos)

Wednesday, November 11, 2009

11 de noviembre 2009

Familiares del caso Chaupiorcco darán sepultura a sus seres queridos

Escribe: Los Andes/Nacional - 19:24h

En un acto sin precedentes para la región Apurímac, el Ministerio Público entregará este viernes 13 de noviembre, los restos de cinco personas que fueron asesinadas y desaparecidas por efectivos militares en Aymaraes, en enero de 1988.

Los restos de las víctimas fueron encontradas una fosa común ubicada en el lugar denominado Chaupiorcco, en la provincia apurimeña de Aymaraes. En dicha diligencia, realizada el 13 de diciembre de 2004, se encontraron restos óseos humanos que fueron enviados a Lima para el examen de ADN. Así se logró identificar a Armando Huamantingo Villanueva, Manuel Niño de Guzmán Ayvar, Juan Pablo Carbajal Hurtado, María Elena Zavala Cayllahua y Simona Pérez Tapia.

El viernes 13 de noviembre, también se llevará a cabo una ceremonia de reconocimiento en memoria de las víctimas de Chaupiorcco, en el Auditorio del Gobierno Regional de Apurímac. El acto espera contar con autoridades regionales y locales, además de la participación de organizaciones sociales y población en general. El velatorio de los restos de las cinco víctimas se realizará en las instalaciones del Club Unión de Abancay.

Por la tarde del día sábado 14 de noviembre los restos serán llevados a la Catedral de Abancay, donde se ofrecerá una misa de honras, para luego ser trasladados y sepultados en el Cementerio General de Abancay, lugar donde se construyó un mausoleo para las víctimas, como lugar de memoria.

ANTECEDENTES DE LA MATANZA EN AYMARAES

El 23 de Septiembre de 1987, durante el primer gobierno de Alan García, se decretó estado de emergencia en la provincia de Aymaraes como parte de la estrategia contra la subversión. En noviembre del mismo año las fuerzas armadas tomaron el control de esa zona, así como en Abancay, Andahuaylas y Grau.

Un año después, en septiembre de 1988, el estado de emergencia se extendió a todo el departamento de Apurímac. Así, por primera vez se instalaron cuarteles militares en las provincias de Abancay, Aymaraes y Cotabambas.

En la provincia de Aymaraes, el Ejército Peruano instaló cinco bases militares ubicadas en los centros poblados de Santa Rosa, Capaya, Chalhuanca, Quilcaccasa y Cotaruse, desde donde salían regularmente patrullas militares a realizar visitas a las comunidades campesinas de la zona. Desde estas instalaciones militares se ejerció un fuerte control sobre la población y las autoridades civiles y políticas de la zona.

Según diversos testimonios, el 10 y 12 de enero de 1988 una patrulla del Ejército Peruano detuvo a trece personas en la comunidad de Checcasa, distrito de Justo Apu Sahuaraura, a quienes sometió a múltiples torturas. El 13 de enero, la misma patrulla detuvo a tres personas más en la comunidad de Socco, distrito de Tapayrihua. Por la noche, mientras los detenidos eran trasladados a la Base Militar de Santa Rosa, se les dividió en dos grupos. Luego que el primer grupo cruzara el túnel de Huayquipa, los miembros del segundo grupo oyeron disparos y gritos, según el testimonio del único sobreviviente que consiguió huir esa fatídica noche. Lo último que supo del segundo grupo es que fue trasladado a la Base Militar de Santa Rosa.

A la fecha existe una denuncia ante el Ministerio Publico de Abancay sobre la desaparición forzada de 38 personas y otros delitos presuntamente perpetrados por el personal militar del Ejército Peruano ubicado en las bases militares de Santa Rosa y Capaya, que son objeto de investigación.

Desapariciones en la base militar de Santa Rosa

La Comisión de la Verdad y Reconciliación ha establecido que miembros del Ejército Peruano destacados en la Base Militar de Santa Rosa, Apurímac, cometieron graves violaciones de los derechos humanos de 17 pobladores de las comunidades de Checcasa, Sallalli, Amoca e Ihuayllo. Dichas personas fueron detenidas arbitrariamente y hasta la fecha continúan en condición de desaparecidas.

Hechos

El 17 de diciembre de 1987, una patrulla del Ejército Peruano partió de la Base Militar de Santa Rosa para realizar una operación destinada a capturar a mandos senderistas e incautar armamento empleado por el PCP-Sendero Luminoso, en la comunidad de Checcasa (Justo Apu Sahuaraura, Aymaraes).

Al llegar al lugar, los militares detuvieron a Jorge Sergio Ayvar Huamaní (28 años), Magdalena Bazán Huamaní (45 años) y Juan Esperanza Ayvar (45 años), y los condujeron a dicha base. Transcurrido un breve lapso, fueron liberados y se les encargó informar a un conjunto de personas -cuyos nombres aparecían en un listado-, sospechosas de pertenecer a Sendero Luminoso. Ellas debían presentarse en la mencionada dependencia militar.

Ayvar Huamaní, Bazán Huamaní y Esperanza Ayvar no acudieron la citación. Así, los días 28 y 29 de diciembre de 1987, una patrulla militar volvió a Checcasa y los detuvo, por segunda vez, obligándolos a abordar un camión del Ejército. El primero de los nombrados continúa en condición de desaparecido, los otros dos fueron liberados al poco tiempo.

Entre el 8 y el 13 de enero de 1988, se desarrolló un nuevo patrullaje militar también motivado por el objetivo de encontrar sediciosos y decomisar armas. El destino principal de este operativo, nuevamente, era Checcasa. Aquí serían detenidas siete personas más. Un comunero, quien fue testigo presencial del patrullaje desarrollado en esos días, logró sobrevivir al cautiverio pues escapó de vigilancia de los soldados y su testimonio coincide plenamente con las versiones brindadas por cada una de las personas que observaron los diversos hechos narrados en este caso.

El 8 de enero, un grupo de efectivos militares salió de la base de Santa Rosa con rumbo a la mencionada comunidad, sin embargo, antes de llegar a su destino, ingresó al poblado de Socco y detuvo a Simona Pérez Tapia (26 años), Leandro Pareja Salinas (26 años) y Santos Salinas Chávez (42 años). Las tres personas fueron llevadas a la base en un camión del Ejército y, hasta la fecha no se ha logrado determinar su ubicación.

Durante la madrugada del 11 de enero, los militares se dirigieron a la cabaña de los esposos Juan Pablo Carbajal Hurtado (43 años) y María Elena Zavala Cayllahua (28 años). En esa vivienda pensaban encontrar las armas que demostrarían la militancia senderista de los comuneros de Checcasa. Carbajal Hurtado y Zavala Cayllahua fueron cruelmente torturados. En estas circunstancias, uno de los torturados habría sindicado a Manuel Niño de Guzmán, habitante de Sallalli, como la persona que escondía las armas.

Ese mismo día, Armando Huamantingo Villanueva (40 años), vecino de la comunidad de Amoca, fue detenido en La Base. Huamantingo acudió a dicha dependencia castrense al enterarse que su nombre se encontraba en una lista de presuntos subversivos que los militares intentaban hallar. Su esposa Matiasa Huashua Huamaní y tres de sus cinco hijos presenciaron su ingreso al lugar. No se volvió a tener noticias sobre su paradero.

También el 11 de enero, la patrulla partió hacia Sallalli en busca de Manuel Niño de Guzmán. En el camino se encontró con Fermín Gonzales Arbieto (48 años) quien fue detenido por portar un cuchillo. Las explicaciones de Gonzales Arbieto no fueron escuchadas por sus captores.

Los miembros de la familia Niño de Guzmán refirieron que la pequeña Luisa Ayvar Niño de Guzmán (6 meses) habría sido llevada a la Base Santa Rosa, donde se produjo su desaparición. Cabe acotar que pobladores del distrito de Santa Rosa indicaron que, desde el 14 de enero de 1988, los soldados de la Base militar instalada en el lugar empezaron a ofrecer a una niña en adopción.

El 14 de enero de 1988, Ramiro Niño de Guzmán Ayvar se presentó en la Base de Santa Rosa para exigir la libertad de sus familiares Manuel Niño de Guzmán Ayvar, Matilde Niño de Guzmán, Luisa Ayvar Niño de Guzmán, Rosa Niño de Guzmán Ayvar y Rosa Velásquez Marca. Inmediatamente fue detenido y obligado a ingresar a dicho establecimiento militar, donde fue sometido a torturas y posteriormente liberado gracias a una oportuna intervención del Comité de Derechos Humanos de Abancay.

En tanto, el 3 de febrero de 1988, en el centro poblado menor de Casinchihua (Pichirhua, Abancay), se halló el cadáver decapitado de una mujer que Ramiro Niño de Guzmán identificó como el cuerpo de su hermana Matilde. El cuerpo mostraba evidencias de tortura.

Pese a la identificación del cadáver, se prohibió su entrega a los familiares y se inhumó en una fosa común del cementerio de Condebamba, Abancay.

Exhumaciones en Chaupiorcco

El 13 de diciembre de 2004, en la zona de Chaupiorcco, distrito de Chapimarca, provincia de Aymaraes, se ubicó una fosa común en la cual se constató existían restos óseos humanos. Los restos fueron enviados a Lima para el respectivo examen de ADN y de Fibrina. En dicha ocasión, el Equipo de Antropología Forense (EPAF), actuó como perito de parte de la Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH), representante legal de los familiares. Así, logró identificarse a Armando Huamantingo Villanueva, Manuel Niño de Guzmán Ayvar, Juan Pablo Carbajal Hurtado, María Elena Zavala Cayllahua y Simona Pérez Tapia.

En la actualidad, con el apoyo de la Defensoría del Pueblo de Abancay y la Municipalidad Provincial de Abancay, se ha logrado la donación de un terreno por parte de la Beneficencia Publica de Abancay en el Cementerio General de Condebamba, Abancay. Asimismo, gracias a las acciones de incidencia, se ha logrado el compromiso por parte del Gobierno Regional de Apurímac, de construir un mausoleo para las víctimas de la violencia política, como lugar de memoria.

Asimismo se vienen realizando coordinaciones con la Fiscalía a cargo de las investigaciones para que, tras haber permanecido en calidad de desaparecidos durante más de dos décadas, se haga la entrega de los restos identificados a los familiares. Gracias a ello le podrán dar cristiana sepultura, de acuerdo a sus costumbres y tradiciones.

Veinte años después de los lamentables sucesos que enlutaron a las comunidades Socco, Amoca, Checcasa y Sallalli, de la provincia de Aymaraes, los familiares de las víctimas no descansan hasta alcanzar la tan anhelada justicia. A la fecha, el caso se encuentra en investigación en el Ministerio Publico de Abancay.

Monday, November 09, 2009

Diario Los Andes


Escribe: René Calsín Anco.
Cultural - 04 nov 2009

El período de mayor trascendencia de la hoy capital de la región Puno, es aquel que comprende desde el surgimiento del pueblo de Puñuy hasta la obtención del título de ciudad; porque en el decurso de esos siglos, Puno, de aldea se convirtió en pueblo, luego en capital de corregimiento y posteriormente en capital de intendencia. (sigue)

Wednesday, November 04, 2009

Bueno, también empezaré a reunir notas, etc. sobre la izquierda peruana.

La república

Izquierda Unida: 20 años atrás
Mié, 04/11/2009 - 00:00
Por: Antonio Zapata

En 1989 se dividió Izquierda Unida y comenzaron sus desastres electorales. Sin embargo, en la contienda anterior a su ruptura, las municipales de 1986, la IU había obtenido un tercio del voto y algo más de cincuenta alcaldías provinciales. No obstante perder Lima, esas municipales fueron el mejor resultado histórico de las izquierdas, habiendo tejido una red nacional de autoridades locales que presagiaban nuevos triunfos hasta alcanzar la presidencia. ¿Qué ocurrió? ¿Cómo se desmoronó la izquierda y por qué no ha vuelto a recuperarse?

La Izquierda Unida nació de la derrota en las presidenciales de 1980, cuando la división en cinco candidaturas izquierdistas mermó notablemente el caudal electoral obtenido en la constituyente de 1978. Hubo una autocrítica limitada, no se superó la desconfianza y los partidos de izquierda formaron una coalición laxa, que permitía la continuidad de las partes. El acuerdo era para candidatear juntos, pero cada uno mantuvo su coto de caza en sus respectivas áreas de influencia social. Es más, en sentido estricto, tampoco se competía juntos, porque el voto preferencial permitía que cada partido se preocupara sólo de sus propios candidatos, con notable prescindencia del frente.

Así, la unidad de las izquierdas era una ficción, cada grupo seguía buscando su propio liderazgo. Por otro lado, con Alfonso Barrantes a la cabeza, algunos habían asumido la democracia, mientras que el resto continuaba en la ilusión y pasión revolucionaria. Las tensiones internas fueron fuertes y se agudizaron con el triunfo de Alan García en 1985. Barrantes creyó indispensable un entendimiento con el APRA y trató de empujar al entonces joven presidente hacia la izquierda. Por su lado, el ala radical prefirió un perfil de neto opositor. Como resultado, los líderes izquierdistas se anularon unos a otros; aparecían como figuras rivales con proyectos distintos.

La coalición se desmoronó cuando no pudo enfrentar el desafío de la lucha armada. Sendero sorprendió e inicialmente la izquierda negó los hechos. Pero, luego tuvo que asumir. Era evidente que SL estaba batiendo el campo, asesinando autoridades y dirigentes entre los que se encontraban algunos izquierdistas.

Pronto hubo un foso de sangre. Pero Sendero obligó a militarizar el país y las FFAA no comprendieron las diferencias entre comunistas. Les pareció que IU era el brazo legal de Sendero. En consecuencia, el ambiente se enrareció notablemente y se comprimió la legalidad. La IU acabó atrapada entre dos contendientes mayores que la trituraban.

La situación terminó de complicarse con el ingreso del MRTA a la lucha armada. Ahora no era un pariente lejano y despreciado, sino los queridos primos hermanos. Su lucha obligó a la ambigüedad. No se los podía condenar del todo, menos con un ejército que amenazaba con tragarse vivos a quienes actuaban en democracia.

Por otro lado, las izquierdas no comprendimos el cambio de sentido común. La gente dejó de creer en el Estado como solución y más bien lo identificó con la raíz del problema. Estaba triunfando el liberalismo y las izquierdas reiteramos un discurso estatista, sin sentido para las nuevas juventudes. Finalmente, quedamos asociados al Estado y a la lucha armada por conseguirlo.

Por el contrario, la gente aspiraba a menos Estado y rechazaba la violencia. La consecuencia fue el derrumbe electoral de una coalición que solo existía para las urnas. No se recupera porque los líderes izquierdistas no procesaron una autocrítica razonable ni tampoco emprendieron una renovación generacional.